sábado, 10 de febrero de 2007

Diego se cagó


Sí, en efecto, Diego se cagó. Subió algo que no le gustó, lo borró y me tiró el muerto a mí, pero seguimos siendo amigos. Bah, después de que yo diga esto no sé, pero hago la prueba. En fin, no sé sobre qué caramba escribir, así que voy a dejar que me lleve lo que Diego dice que hace: improvisar. Es decir que les voy a robar increíblemente con las primeras boludeces que se me ocurran y si es que vuelven a entrar algún día, pueden calificarse como las personas más magnánimas y piadosas que esta Tierra moderna conoce.

Diego me dijo que escribiera sobre la señorita que no me deja dormir, pero me puse a pensar y no la quiero usar. Así que voy a usar a SU señorita. No, es mi amiga. Improvisar es una mierda, pienso y sigo.



En la esquina de la cuadra donde está mi casa hay un verdulería. Durante el día, es una verdulería normal, con cajones que no te dejan pasar, gente con lapiceras en la oreja, y muchas verduras, pero sin bolivianos. Eso implica una falla en el sistema: tras comparar el servicio de los bolivianos con el de los empleados argentinos que suelo encontrar en verdulerías, (excepto en disco que son re capos pero la verdura debería ser gratis ahí), me doy cuenta que son una raza superior en cuanto a la atención al cliente. Son de lo más amables y humildes y a veces hasta parecen agradecidos de poder vivir en este país, la verdad me caen de lo mejor. Hay gente que los trata despectivamente, pero la verdad yo los miro de abajo, me cuesta un huevo ser humilde muchas veces, y más de una vez me dieron ganas de irme de acá. Me molesta la música que escuchan, pero bueno, ya va a aparecer el descendiente de bolivianos que escuche a jimi hendrix.

En fin, en esa verdulería, siempre hay un gordo, que supongo es el dueño que mantiene tan flacos o con pinta de enfermos a sus argentinos empleados. El tipo ya me empezó a llamar la atención cuando, tras la hilarante derrota de Boca antes estudiantes, que no festejé por que tenía demasiado sueño, gritaba puteadas que se podían oír a más de una cuadra de distancia y con claridad. Pero lo que de veras me sorprende es que siempre que vuelvo a mi casa tarde, tipo cuatro, está el tipo sentado en un pasillo contiguo a la verdulería, sentado en un escritorio, observando mis temerarios, perdón, temerosos pasos. Por último, tiene un sospechoso parecido a Lester, la rata del mundo de Beakman. Sí, Diego también se parece un poquito.
Bueno, en fin, tras leer todo esto junto creo que cualquiera ve lo que en realidad es obvio (en latín "que está delante de los ojos" (¿Pueden creeer que tengo latín en marzo? (Sí Lucas, me copié de vos))) que Lester se ha instalado en Argentina disfrazado entre los bolivianos que llegaron durante el gobierno de Menem felices del "uno a uno", para instalar su propia verdulería, desde la cual planea organizar un movimiento de ocupación mundial por parte de las ratas. De hecho, algo me dice que armó el eje New York-Buenos Aires -Bombay, ya que son sus tres grandes lugares de influencia, en New York tiene a toda su familia (desciende de ratas italianas, ¡ojo!), acá están él y su emporio frutal, y en Bombay tuvo un encuentro amoroso con Sai Baba, que maneja la mafia de ratas y monos local.
Entonces muchachos, sigan estos simples consejos: no compren en verdulerias cuyos empleados estén flacos, enfermos y trabajando, y si ven una rata actuando de manera sospechosa, no duden en en avisarme mandándome un mail a xross_1@hotmail.com , no se burlen, la tngo de chico.
Bueno, quedó bastante bien, hasta luego
Panchi

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